Mi libreta digital

Relatos de un confinamiento I

Ansiedad, angustia y nervios. Y no por salir o por ver a la gente a la que echo de menos, sino por la situación. Miedo es lo que siento, miedo que se incrementa por minutos. Mientras vemos Pesadilla en la cocina a las 20.11 horas del domingo 29 de marzo de 2020, mamá me recuerda que me quiere a morir. Y lo mejor de todo es que lo sé; yo lo sé, mamá. Yo también te quiero. 

Una bola gigante se deposita en mi estómago, ahí, bien fuerte. Y cómo duele. Respiro, intento respirar como sé que hay que hacerlo, pero no soy capaz. Mi mente es, muchísimas veces, más fuerte que yo. Muchos me dicen que me relaje, pero no son capaces de entender el poder de la mente, de la mía, concretamente. No le deseo a nadie el malestar tan grande que se siente, de verdad. El llanto a veces es una vía de escape, pero no siempre funciona.

Lo que más me apetece es subirme al coche, dar una vuelta lejos, muy lejos y escuchar Contando Lunares en bucle. 


Amor y muerte, ¿o es lo mismo?

Comentario al primer pasaje del libro Voces de Chernobyl, de Svetlana Aleksiévich.

La mejor forma de hacer llegar una historia a los lectores es contando verdades. Sin tapujos, sin filtros, sin mentiras. El tiempo que se dedica a mostrar los sentimientos tal y como se sienten es casi tan valioso como sentirlos en el momento en el que afloran. Una entrevista, una historia y una vida que han sido confiadas a una periodista, quien ha sabido transmitir, casi tan bien como la protagonista del relato, la agonía sufrida tras el accidente de Chernobyl.

Una historia espeluznante a la vez que tierna; dura a la vez que sencilla, pues con amor todo se supera. Con el bombero afectado murió un cuerpo, pero nunca un alma y mucho menos el amor. Este pasaje contado por Svetlana Aleksiévich es una historia de supervivientes; del amor entre ellos, que no decayó nunca sino al contrario, cada vez se hizo más fuerte, más grande, más real y más incondicional. El amor más puro. Cuando el cuerpo se desintegra, los ojos se apagan y el corazón deja de latir, el alma es lo único que consigue superar las trabas de la muerte, una más en el periodo de la existencia humana.

Las historias verdaderas son las que, una vez más, van directas al corazón del lector, y una vez más son los periodistas, los traductores e intérpretes de la vida, de lo que pasa, los que hacen que los sucesos cobren vida hasta llegar a describir sentimientos, dolores, angustias, felicidad y, como no, amor y muerte.


"Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren"

Joaquín Sabina, Contigo.



Irme, del verbo "lejos"

Me gustaría irme lejos, a un sitio donde nadie me conozca, donde pueda empezar de cero, con otro nombre y otros ojos.

Un sitio donde el sol salga por el este y se esconda por el oeste; y cuando llueva, que lo haga desde abajo. 

Donde pueda dibujar en las paredes sin miedo al fracaso, donde tenga que salir a la calle para ver el sol y comprar todos los días una manzana para desayunar.
Irme lejos de todo. Ser yo y ser una.
Porque si la luna es capaz de sobrevivir en el firmamento ella sola, yo también puedo. 

Enero

Necesito ilusiones. Mariposas, nervios y palpitaciones aceleradas.
Necesito sudor en las manos al verte. Miradas cómplices y sonrisas inocentes aunque muy verdaderas.
Necesito un abrazo de bienvenida con los ojos cerrados. Que dure una eternidad aunque el reloj solo cuente unos segundos.
Necesito un beso tímido pero atrevido. Que nos haga estremecer el cuerpo.
Necesito un paseo. Contarnos cosas y sumar momentos que solo podremos recordar si estamos juntos.
Necesito un roce de manos, que tras un largo caminar concluya con nuestros dedos entrelazados.

Necesito tus caricias inesperadas apartándome el pelo de la cara y que me robes esa sonrisa que "tanto te gusta".
Necesito que todo sea como antes, como siempre lo ha sido. 
Pero necesito que vuelva Enero, nuestro Enero. El tuyo y el mío.
Te necesito a ti.


Madrid

Me moría por verte.
Tus calles, tu frío, tu olor y tus colores provocan en mí sensaciones que cada vez me gustan más.
Me encanta estar en ti. Sentir la Gran Vía bajo mis pies y Sol brillando en mis ojos. Me Retiro a respirar aire puro, a apreciar el color verde y a reflexionar sobre el amor. 
No me canso de ti, Madrid.

Imperativo

Enséñame la vida, 

enséñame a ser.

Muéstrame el camino;

el que recorreremos juntos de la mano.
Sin ropa, sin piel y sin miedos.

Siendo solo tu y yo.

Besando el cielo y pisando el suelo, 
conscientes pero sabiendo muy bien que hacer las cosas sin pensar está mucho mejor.


Enséñame el mundo a través de tus ojos.
Enséñame el placer de vivir al límite, sin orden, ni horas, ni horarios.
Déjeme libre. Pero no me sueltes nunca.


Hazme entender el valor del amor
y te prometo que yo te enseñaré el universo de mi ser.

Una vez más

Las ganas de llorar me inundan el alma,
se me desquebraja el interior y el corazón palpita acelerado.
Los nudos en la garganta se hacen cada vez más gruesos por el dolor,
más grandes por la tristeza, ¿y lo peor? que no se van.
Y duele al respirar y al pensar;
duele creerme la mala del cuento,
cuando simplemente soy coprotagonista de una historia de dos.
Respiro hondo y de nada me vale porque,
al abrir los ojos, la realidad sigue ahí.

Inseguridad

Sientes que no vales nada,
que te falta y no te sobra,
que no eres perfecta
y eres consciente de eso.
Solo tú sabes cómo te sientes, 
qué significa para ti.
Llega la noche y de nuevo comprendes que no eres capaz,
te entregas en cuerpo y alma,
pero no es suficiente.
Pide más, quieres más. Pero no das más.
Las inseguridades se apoderan de tus noches,
de tus días, de tu vida.
Tú eres la única que sufre.
Y te inunda la mente el sentir eso,
que no vales nada
Y no por ti, sino por lo que espera de ti.
Aunque la presión solo esté en tu cabeza.

El olor del mar


Rambla de Castro, Los Realejos, Tenerife / Lucía GE

Quizá nunca te hayas parado a pensar lo que significa 'sentir'. Un simple verbo que en su seno acoge a todos los demás. Una palabra que expresa, que habla, que sueña... que siente. Desde lo más ínfimo hasta lo más vasto, desde cerca y desde lejos, en tu cama o en la mía. Es sentirnos tu y yo eternos. 

Sentir es tomarte un té caliente.
Sentir es escuchar esa canción.
Sentir es estrenar ropa nueva.
Sentir es recibir un mensaje de buenos días.
Sentir es rozar su suave piel.
Sentir es acariciar su pelo con tus manos.
Sentir es que te abrace por detrás.
Sentir es que te agarre de la mano y no te suelte jamás.
Sentir es quitarle la ropa.
Sentir es ver su sonrisa.

Sentir su cuerpo desnudo y perfecto es como ser de nuevo un niño. Recuperar la ilusión, volver a la infancia, comer helado de vainilla y, en verano, oler el mar.





Los días pasan

No es fácil imaginar que todo va a cambiar de un momento a otro.

Y piensas que la vida se te va, que los nombres se te olvidan y te quedas sola. Sola rodeada de miles de personas que sonríen cuando pasas, que saludan sin pensar, que te miran y critican.

Pasan los días y llueve en seco. Sientes que no encajas en medio de la masa, que te falta sal y te sobran sabores. Y para empezar el día no está mal del todo: salir a la calle, ver el amanecer entre las nubes y que el aire contaminado inunde tus pulmones.

No te queda de otra que sonreír y hacer creer que estás bien. ¿Qué más le da al resto? Mientras tú estés mal por dentro, lo demás importa poco. 

© 2018 Lucía García Expósito. Tenerife.
Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar